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Relatos sobre la Escena Subterránea Peruana: Parte III


November 17th, 2014 by

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Here is the Spanish-language version of part three of our three-part history “Notes on the Peruvian Underground.” This originally appeared in English in MRR #359. You can read part one in English in MRR #353 (parte uno en español aquí) and part two in English in MRR #356 (parte tres en español aquí).

Autor: shane g.g.
Traducción: Julio “el chibolo” Durán con aportes de P.J. Lucas

…Y luego viene un culo de otras huevadas

Hay tantas huevadas con las que podría seguir jodiéndolos que esto podría convertirse en una malacostumbre de ir contando historias sin parar y sin saber cuándo callarme. Sigo con ganas de empezar este último grupo de historias sobre la escena subterránea punk del Perú remarcando algo así como las diferencias esenciales entre las décadas de los 80, 90 y 2000, estableciendo una especie de división cronológica rigurosa entre un momento histórico y el siguiente, dibujar una línea clara en la arena temporal. ¡Los 80 fueron punk y hardcore y políticos! ¡Con los 90 llegó el grunge y esto llevó a un punk despolitizado! ¡A partir del 2000 hasta el presente surgen bandas indies y de fusión con mercados nicho para cada consumidor imaginable!

¿Pero saben qué? No es tan simple. No en Perú. Probablemente no lo sea en ninguna parte. La temporalidad es un asunto problemático. Y, de todos modos, las décadas y años y fechas son marcadores arbitrarios para señalar una diferencia histórica.

El noise y el grind y el crust core en Lima, por lo general, se asocian principalmente con los 90. Era una mancha de chiquillos (Leo Bacteria, Richard Nossar, Oscar Reátegui, José Morón) la que ayudó a formar estas mini-escenas. Pero lo hicieron solamente después de entrar en el “rock subterráneo” a fines de los 80 cuando ya había degenerado en facciones porosas de hardcore, punk, metal-crossover, y, por supuesto, de cholos, misios y pitucos. El resultado fueron varios proyectos noise: Atrofia Cerebral, MDA, Insumisión y Dios Hastío. Este último está aún activo y dejando sorda a la gente en mugrientos locales del centro de Lima. También hubo otras bandas más nuevas que surgieron con una combinación de influencias hardcore, punk y rock garage. Aeropajitas, Pateando tu Kara, Héroe Inocente y Manganzoides se impusieron como algunas de las favoritas en Lima en distintos puntos de los años 90. Todos ellos aún participan en tocadas de vez en cuando.

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¿Eso significa que todas las bandas de los 80 están muertas? Pues casi. Algunas resistieron por un tiempo o hicieron retornos inesperados. G3 agregó un segundo guitarrista e hizo un giro evidente al grunge en los 90 básicamente hasta que se separaron en 2000, y luego Gabriel y Gonzalo empezaron Inyectores. Leusemia reapareció en 1995 con un nuevo álbum y ha seguido tocando desde entonces con distintos miembros. Los únicos miembros originales que han durado son Raúl Montañez y Daniel F., siendo este último uno de los pocos subtes de la generación más antigua que ha podido ganarse la vida tocando rock’n’roll sin tener que tener un trabajo formal (y uno de los resultados es que se ha hecho unos cuantos enemigos). Voz Propia debe ser una de las bandas activas con mayor continuidad que surgieron de la escena del rock subterráneo a mediados de los 80–acaban de lanzar su décimo larga duración, “The Game is Over” en 2011. Read the rest of this entry »



Relatos sobre la Movida Subterránea en Perú: Segunda Parte


November 10th, 2014 by

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Here is the Spanish-language version of part two of our three-part history “Notes on the Peruvian Underground.” This originally appeared in English in MRR #356. You can read part one in English in MRR #353 (parte uno en español aquí) and part three in English in MRR #359 (parte tres en español aquí próximamente).

Autor: Shane “Gang” Greene*
Traducción: Julio “el chibolo” Durán con aportes de P.J. Lucas

No se trata solo de la música, hijos de puta

Se trata de los patas flacuchentos a los que les gusta poguear, pero que no pueden cachar; de las gorditas con pelo azul que les gusta tirar; del pituco huevonazo ovejita negra que busca la manera de cagarse en su papi banquero; del cholo bicho raro clase media al que le gusta la distorsión más que vestirse como bacán; de los lameculos introvertidos y las marimachas salidas del closet que te mandan a la mierda; de los ideológicamente descontentos; de los socialmente discapacitados; de los mentalmente inestables y de los materialmente detestables; de los retorcidos pero no precisamente idiotas. Tipos raros, maricones, borrachos y fumones. Así es, Dr. Allin, lo ha formulado usted muy bien, de verdad, muy bien. Y no olvidemos a los aburridos estudiantes de arte y futuros intelectuales.

Sabemos que el punk no se trata solo de la música. Se trata de este tipo de reuniones poco probables de gente desagradable que la música termina agrupando. Se trata de los misfits (con ‘m’ minúscula). El punk encuentra la manera de faltarle el respeto a las fronteras, incluso (o quizás, especialmente) cuando determinados punks comienzan a gobernar el inconformismo y se lo imponen a los recién llegados que andan desprevenidos. El punk va en busca de hogares destruidos y familias perfectamente equilibradas al mismo tiempo; busca personalidades al borde de la anti-socialidad y las coloca en la misma sala con los seres humanos más lindos y generosos que ofrecen todo su amor incondicional. No hay lugar al que uno vaya en donde no existan misfits. Extrañamente, tampoco existe un lugar específico en donde encontrarlos. Simplemente, aparecen; y el punk les ofrece un lenguaje, un contexto, un par de amigos: otro desadaptado que puede o no ser de confianza pero con el que puede ser chévere huevear un rato. Es todo un poco como en el cuento de Bartleby, ¿no? Preferiría no hacerlo, huevonazo…

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Todo esto también es cierto para los punks que crecieron en la cloaca de mierda que era Lima durante las décadas tumultuosas del Perú de los 80s y 90s, en las que ser un desadaptado podía significar que te mataran, te arrestaran, te detuvieran o te metieran en cana. O que te obligaran a esconder la cabeza bajo la tierra. O que te hicieran pensar si era mejor hablar de paz en medio de la puta guerra. O buscar refugio en tu distrito residencial de clase alta, relativamente seguro, alejado de la masacre de miles de indios pobres y provincianos en el campo. Muchas decisiones que después tendrías que asumir. Yvivir cuestionándoselas o terminar como un muerto más. Muchas decisiones que, en realidad, no ofrecían opciones.

Es imposible ubicar una personalidad única, mucho menos un perfil simple de quién o qué es un “punk peruano”. Sí, surgen patrones estructurales mayores. Más gente de clase media y clase alta que gente de clase baja; más blancos o mestizos que indios; muchos más chicos que chicas. Y no hay duda de que el punk fue y sigue siendo casi completamente urbano; o que, hablando musicalmente, es profundamente Euro-Americano en la mayor parte de sus manifestaciones pasadas y presentes. De hecho, solo unas pocas bandas selectas (Del Pueblo o Seres Van de la década de los 80) estuvieron lo bastante inspirados para crear una nueva textura musical agregando instrumentos andinos o afroperuanos (quenas, zampoñas, charango, cajón) a ese género emergente llamado “rock subterráneo”. Batería, guitarra, bajo y un pata cantando con un micro. Ese es todavía el 1-2-3-4 del rock’n’roll casi a dondequiera que vayas.

Pero a pesar de todos estos factores estructurales, las personalidades punk son, en verdad, y de una manera fascinante, difíciles de definir. Como “un traje que no le queda a la persona para la que fue hecho” –la etimología de misfit avalada desde el Siglo XIX–, los punks peruanos no se adaptan bien a nuestras variables científico-sociales cuidadosamente modeladas. Sus pensamientos son demasiado irruptivos; sus actitudes, demasiado disruptivas. Quizás prestando atención a las posibilidades polisémicas de sus deshonrosos apodos podemos apenas aproximarnos a una descripción de su inadaptabilidad.

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Está Leo Escoria, porque está ‘astalasuevas’, y también Leo Bacteria, porque era infecciosamente gracioso hasta que se suicidó (Que En Paz Sigas Jodiendo, Leo). También está Daniel F, porque es feo. Está Chiki, porque cuando era adolescente se parecía a Chiquidrácula, el personaje de la televisión mexicana de los 80. Está Loquillo porque, según dicen, es un loco de mierda, y el Negro Brunce, porque es negro y porque ‘Brunce’ es probablemente el apellido peruano más raro que haya existido. Está María T-ta porque le gusta mostrar las tetas en público y Támira porque es un poco tímida y artística (así que no necesita apodo). Está Mono Blanco, pero no tengo idea de por qué es un mono blanco, y Chancho Viejo porque, asumo, es un cerdo no tan joven. Está Sandro Dogma, más modesto que dogmático, pero con el valor necesario para llegar desde Lima hasta Nueva York sin un puto sello en su pasaporte. Están el Chato Víctor y el Chato (Inchaústegui), porque los dos son bajitos. Está el Gordo Gabriel y el Gordo Memo, porque, bueno, son recontra gordos. Está Pedro Tóxico porque es una linda persona que escribió esa letra hermosamente venenosa para el clásico de Sociedad de Mierda “Púdrete Pituco”. Está Boui (no Bowie) porque es alto, delgado y de piel clara, se tiñe el pelo de blanco, y se mete un culo de cocaína. Está Miguel Det (no Death) porque tiene una parte metal, otra parte punk, y todas las partes oscuras. Y porque, francamente, son palabras que no tienen sentido fonético desde otro punto de vista lingüístico, que se pierden al ser traducidas para el público gringo.

Es verdad. Hay un culo de misfits en el País de los Incas. Programen una visita; organicen un tour; sáquenle unas fotos a estos jodidos nativos que viven en la Cagada Ciudad de los Reyes. Read the rest of this entry »



Relatos del punk subterráneo en Perú: primera parte


December 12th, 2012 by

Here is the Spanish-language version of part one of our three-part history “Notes on the Peruvian Underground.” This originally appeared in English in MRR #353. You can read part two in English in MRR #356 (parte uno en español aquí) and part three in English in MRR #359 (parte tres en español aquí).

Traducción por Sandro “Dogma” Casas y Sonia “la Perra” Serna*

El punk no nació, el punk es. ¡Hijos de puta!

Podría decirse que el origen de la escena punk en Lima, Perú, corresponde a una amenaza de ataque a un país que, de hecho, ya estaba siendo atacado. La imagen de una estrella de rock flotando enloquecida sobre el horizonte de una sobrecogida ciudad adornaba un afiche de finales de 1984 que titulaba: “Rock subterráneo ataca Lima.”

Con ese afiche, diseñado por Leopoldo de la Rosa, bajista del rítmico y ruidoso trío Leusemia, y que era conocido como Leo “Escoria”, se anunciaba un concierto con las primeras bandas subterráneas (como Narcosis, Guerrilla Urbana y Autopsia, entre otras).  Los punks peruanos, a diferencia de los punks en otras partes de la América hispanohablante, se habían agrupado bajo el rubro “rock subterráneo”, a lo que siguió la creación de una identidad subcultural conocida como “subte”, que connota la especificidad de lo que significa ser un punk en Perú mejor de lo podría hacerlo el término punk genérico o algunos de sus hijitos (como hardcore, post-punk, pop punk, etc.). El término inconscientemente llama la atención sobre una relación ambigua entre lo “subterráneo” y lo “subversivo”, es decir, sobre la participación en una subcultura musical subterránea versus la participación en políticas subversivas. La escena punk peruana, después de todo, agarró fuerza en el contexto de la guerra civil entre el estado autoritario del Perú y Sendero Luminoso, un grupo militante de inspiración maoísta que estuvo muy cerca de derrocar al estado, pero que comenzó a desmoronarse en 1992 cuando su líder, Abimael Guzmán, fue capturado.

Los Saicos

También podría decirse que la escena punk peruana comenzó en 1978, año en que por primera vez en los bares de Lima una banda llamada Anarkía comenzó a hacer covers de grupos como los Jam, los Sex Pistols, los Dead Boys y los Ramones, entre otros. Anarkía fue quizá la primera banda peruana en autodenominarse punk mientras estuvo activa. En una corta entrevista publicada en una edición de 1980 de la revista mexicana de rock Conécte, Anarkía reconoció haber sido una banda pionera del punk latino. Treinta años después, Martín Berninzon, baterista de la banda, encuentra esa declaración cierta pero irónica. Cierta porque Anarkía estaba al tanto de los sonidos punk en el mundo, irónica porque sus compañeros de la banda no eran más que unos excelentes músicos ansiosos por tocar rock progresivo.

Podría decirse, incluso, que todo el género punk — sí, ¡despierta gringo de mierda! — tuvo su origen a mediados de la década de los sesenta en el distrito Lince, en Lima, lugar en el que Los Saicos cantaron “Demolición”, un hecho que los anticiparía a las crudas composiciones y provocadoras letras que posteriormente resultaría básica a la sensibilidad punk. Ni entonces ni ahora Los Saicos han llamado punk a lo que hacen, aunque después de haberse reunido para realizar una gira en los últimos años, se han entusiasmado un poco con la idea. A pesar de ello, y en un irónico giro del destino, en 2008 el gobierno municipal del distrito de Lince, siguiendo la tendencia española y latinoamericana de declarar a Los Saicos la primera banda punk del mundo, les impuso esa etiqueta a 40 años de que los hechos hubieran tenido lugar. Hoy en día, en una concurrida esquina de Lince hay una placa financiada por la municipalidad que declara audazmente en honor a Los Saicos: “En éste lugar nació el movimiento punk rock en el mundo”. Una afirmación convincente como relato alternativo del punk e, implícitamente, del mundo, que no resulta para nada modesta.

Por ahora tengamos en mente que las historias de los orígenes siempre son mitos construidos para sustentar puntos de vista ideológicos. Primero fue Dios, luego Adán y luego Eva. Sí, claro, así fue. Primero fue Occidente, después el resto. ¡Maldita sea! Las historias sobre el punk no son inocentes respecto a sus propios relatos de origen, pues ellas cargan con las posiciones ideológicas de quienes las crearon. La historia del punk padece esa tendencia a estandarizarse, padece la imposición de una narrativa que, en efecto, ha establecido un punto de “origen” mítico. La mayoría de esas narrativas son predecibles respecto a los tiempos y a los lugares: Londres y Nueva York a mediados de la década de los setenta (entiéndase los Sex Pistols, los Ramones y esas “otras bandas”). En últimas, la gente podría retroceder hasta Michigan a finales de la década de los sesenta y, sin arriesgar demasiado, llamar a ese periodo proto-punk (por ejemplo, MC5, The Stooges etc.).

De ahí que quiera dejar clara mi posición ideológica: no busco reescribir la historia de modo que la gente llegue a pensar que el punk empezó en Perú, pero intento dejar por escrito algunos relatos para que la gente sepa que el punk en Perú es de puta madre, tan de puta madre como en cualquier otro lugar. Aunque no puedo evitar hacer cierta cronología, no estoy comprometido con una historia de orígenes fijos y finales definitivos. Pienso que los momentos en que se generan esos relatos son múltiples, que cada uno de ellos ha derivado de algo más y que, por esa misma razón, no son para nada “originales”. Y, como no me puedo quedar divagando para siempre, de repente tendré que parar de escribir. Eso, aunque marcará el final de éstos relatos no puede significar el fin de la movida subterránea peruana ni, mucho menos, del punk en general. No es necesario recordarles a los lectores de Maximum Rock-n-Roll lo que ya deberían saber: que el Punk No Está Muerto.

A lo que quisiera agregar: el Punk No Nació, el Punk Es. ¡Hijos de Puta!

“Canten en Castellano,  ¡carajo!”

Son muchos los aspectos que hacen la diferencia entre la banda Anarkía, de finales de la década de los setentas, y las bandas que empezaron a tocar punk a mediados de los ochenta en Perú. Anarkía estaba por su propia cuenta, sin mucha de la “movida”. No existen grabaciones suyas de la cuales hablar o, al menos, nadie ha ubicado la única grabación que, según Berninzon, hicieron tocando en vivo en un estudio de radio. Además, Anarkía sólo tocaba covers de bandas estadounidenses y británicas, lo que significa que cantaban en inglés.

Las cinco bandas que emergieron en Lima entre 1983 y 1984 (Leusemia, Narcosis, Guerrilla Urbana, Autopsia y Zcuela Cerrada), y que hacían música inspirada en el punk, contrastaban con Anarkía de muchas maneras: escribían sus propias letras, eran un grupo de amigos conectado con otros grupos de amigos que pronto consolidarían la movida, dejaron muchas grabaciones y, quizá lo más importante, CANTABAN EN ESPAÑOL, ¡CARAJO! La declaración la tomé de la boca de Daniel F, líder de Leusemia, quien en junio de 1984 se paró en frente de una audiencia limeña de clase media-alta y, como si se tratara de una orden, dijo: “Canten en castellano, ¡carajo!”, escandalizando así a un público que esperaba a que las “verdaderas” bandas peruanas subieran al escenario a tocar covers de canciones en inglés. Su punto estaba claro. El idioma en el que cantas, así como el idioma en el que hablas, es en su naturaleza geopolítico. ¡Paren de complacer a los gringos! O, lo que es aún peor, paren de complacer a los gringos wannabees que viven en toda América Latina, a todos aquellos que, consciente o inconscientemente, creen que el rock como género inequívocamente se canta en inglés. El rock, como el punk, como cualquier manifestación cultural, puede ser cualquier cosa en cualquier lugar. Depende de uno poder hacer que hable en su lengua, sobre su contexto, sobre su sociedad: ¡Hazlo-tú-mismo-huevón! Read the rest of this entry »



Peruvian punk documentaries: El Grito Subterráneo y Lima Explota


September 25th, 2012 by

Our new bilingual web correspondent Mariel Acosta brings us a breakdown of two Peruvian punk documentaries—in English and Spanish, por supuesto—to coincide with our articles on the history of the Peruvian underground sceneEl Grito Subterráneo and Lima Explota can be seen as a chronology of social and political events in Peru as the context and historical framework that has shaped Peruvian punks’ ideals and their scene…

El Grito Subterráneo (The Underground Scream) (1987)
Director: Julio Montero

A DIY low budget documentary that juxtaposes the Peruvian punk underground scene and lifestyle with presidential speeches and mainstream news segments, giving a historical, socioeconomic and political context to Lima’s ’80s punk scene. The film describes the country’s social situation through interviews and mainstream news reports providing an interesting contrast. El Grito Subterráneo shows the birth and development of an unconventional music circuit in an alarming social and historical context. The documentary came out originally on VHS and in more recent years on DVD; however, it’s hard to get a copy of it outside of Peru. Currently it is available online, though it’s split into several parts:

El Grito Subterráneo documents the “second wave” of Peruvian underground punk, which emerged with scarce resources, but a lot of enthusiasm, imagination and comradeship. This era started in the 1980s and persisted until the first years of the 1990s. The film features footage 19 of Peruvian bands — extinct bands and others that are still thriving in the scene, including Voz Propia, Leusemia, Eutanasia, Kaos, Flema, Narcosis, María Teta, Empujón Brutal, Sinkura, Guerrilla Urbana, Autopsia, Juventud La Caigua S.A., Zcuela Crrada, TBC, Daniel F, Erupto Maldonado, G-3, Psicosis, Sociedad de Mierda, Luxuria and Excomulgados.

The documentary’s intro begins with a manifesto of its mission, the political and cultural position of the punk youth at the time and their feelings towards Peruvian society’s status quo then:

01:37 “This video documents the youth’s artistic work that’s a testimony of its creative potential and libertarian character; it’s an example for the present and future generations. It’s a cultural production made by a group collective based on group work, consciousness and the will to change Peru’s society invoking the utopia of a fair and more humane system and new forms of living. We establish that the mass media diffuses values inadequate for the development of autonomous cultural forms because they’re at the service of multinationals. We establish that college education diverts from the immediate reality and that the civil society remains passive in the face of the deterioration of human rights”

02:56 “Rock is the legitimate expression of youth. Youth protest movements are presented by the system and the media. Stripped from its anti-establishment character, the 70s punk movement, the chaos generation, is the scream that recuperates its generational protesting charge. Expressive language, manifestation that assumes the underground vanguard that’s committed to the radical proposals for the renovation of our third-world Latin American reality.”

03:52 “By expressing myself through this video, I wish to develop a contemporary artistic discipline that breaks the hegemony of corporate TV stations and that’s capable of producing libertarian messages.”

Maria Teta

Among the most important segments of Grito Subterraneo, in videos 2 and 3, are images of a mainstream news report showing an underground where youth with “an anarchic posture and foul language express their rejection to the society we live in,” as described by the reporter. Furthermore, the correspondent interviews some of the kids and asks questions regarding their way of dancing, the music they’re listening to and their politics, and further into their interview other kids give their opinion on the posers that attend the shows, who “say they are punks, but they are shit!”

In the same news report they interview a psychologist and a psychiatrist who give their interpretations, which don’t differ from each other or from reality, on the behavior they observe in the punks — their rejection to society and their desire to change it by seeking to destroy superficial socioeconomic values. At the same time, the news reports are alternated with footage of Guerilla Urbana playing at that show, and in the background one can hear their songs “Vivo en una ciudad muerta” (“I Live in a Dead City”) and “Eres una pose” (“You’re a Poser”). [You can read the obituary for Guerilla Urbana guitarist Jose Eduardo Matute here.]

In video number 5 the first band is interviewed. They propose that the bands that represent the movement should be more militant — that is, they should not only sing their stances and politics, but they should also take action in order to sustain the movement. They also suggest that kids shouldn’t get into punk as a fad, but that punks should maintain their ideals and manifest their concerns.

In video number 7, the members of Eutanasia (see the article on Eutanasia’s reunion, in the June 2012 issue of MRR) are interviewed and they give accounts on problems within the scene, such as, sectarianism, divisions and their repercussions. These guys advocate for unity among the groups. Eutanasia also mentions that they sing social commentary songs and through these they manifest their discontent and nonconformity towards the society and political climate of Lima in the ’80s, and through them they express their lives and experiences. The following band, Leusemia, criticizes the state of the punk movement, stating that what was once underground rock was now dead. They also mention the danger of the commercialization of artistic expressions of punk, and the difficulties bands go through to play shows in some venues, given the dominant society’s rejection of their expressions, which leads them to create an underground circuit.

The following videos (8 and 9), give a more political twist to the documentary; towards the end of video 8 there’s a speech by president Alan Garcia (in office from 1985-1990) from the parliament. There he addresses the nation during a (unspecified) national holiday. Then on video 9, there’s a sequence of bulletins and news on La Matanza de los Penales, The Prison Massacres in the San Juan de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara prisons where hundreds of inmates in all tree rioted simultaneously to demand the release of political prisoners who were accused of terrorism.

On video 11, María Teta y El Empujón Brutal give an awesome performance at a show, with provocative songs that allude to feminism and subversion to religion by mocking some religious practices defying conventional values. In the interview of María Teta that follows, she speaks about police repression and how she was once was tortured for hours when she was arrested. The documentary concludes with a Sinkura interview and more footage of DIY underground shows.

Lima Explota (Lima Explodes) (2005)
Director: Santiago Herrera

This documentary presents Peru’s hardcore punk scene of the 1990s. Lima Explota is a commitment to everyone who left their mark in the development of this genre. Hardcore punk clearly expresses that it’s not just a phase in Lima’s music scene but it’s also the result of hard work from the bands that throughout history have consolidated this movement, and through this, establishing that hardcore is a firm and truthful form of expression; a social critique, and a way to deal with life.

Lima Explota features interviews and archival footage of shows from bands like Desarme, Futuro Incierto, Alhambre, Asmereir, Generacion Perdida, Metamorfosis, Dios Hastio and Contracorriente. In the interviews, bands comment on the bad influence mainstream media, MTV, and mainstream “punk” bands, like Blink 182 had on people’s perception of punk and the influence of this in the scene. Also, they address issues like the danger of the commercialization of punk, which led to the disintegration of some bands and subsequently of the hardcore scene by the mid- to late 90s.

A continuación, sinopsis y enlaces de una serie de documentales que retratan la escena punk subterránea de Perú desde los años ochenta y los noventa. Los documentales también pueden ser considerados como una cronología de eventos sociales y políticos que marcaron a la sociedad peruana en esas décadas así como el marco histórico y el contexto que de alguna manera ayudo a formar los ideales de los punks y su escena.

El Grito Subterráneo (1987)
Director: Julio Montero

Documental de bajo presupuesto y autogestionado esta formado por una yuxtaposición de imágenes y escenas de actividades de la vida y la escena subterránea de los punks peruanos de los ochenta — ya sean conciertos, actividades de arte, entrevistas a bandas — discursos políticos y segmentos de noticias los cuales aportan el contexto histórico, socioeconómico y político de la época. Este trabajo es un conjunto de imágenes se mezclan con un registro de la situación social de la época, generando un contrapunto muy interesante. El documental retrata el nacimiento y desarrollo de un circuito de música no convencional en un contexto histórico social alarmante. El documental fue distribuido originalmente en formato VHS y en formato DVD en años recientes, pero es muy difícil conseguir una copia fuera de Perú. Actualmente se puede ver completo en Internet, aunque dividido en varias partes.

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