Relatos del punk subterrÁ¡neo en PerÁº: primera parte

  • Published December 12, 2012 By MRR
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Here is the Spanish-language version of part one of our three-part history “Notes on the Peruvian Underground.” This originally appeared in English in MRR #353. You can read part two in English in MRR #356 (parte uno en espaÁ±ol aquÁ­) and part three in English in MRR #359 (parte tres en espaÁ±ol aquÁ­).

TraducciÁ³n por Sandro “Dogma” Casas y Sonia “la Perra” Serna*

El punk no naciÁ³, el punk es. ¡Hijos de puta!

PodrÁ­a decirse que el origen de la escena punk en Lima, PerÁº, corresponde a una amenaza de ataque a un paÁ­s que, de hecho, ya estaba siendo atacado. La imagen de una estrella de rock flotando enloquecida sobre el horizonte de una sobrecogida ciudad adornaba un afiche de finales de 1984 que titulaba: “Rock subterrÁ¡neo ataca Lima.”

Con ese afiche, diseÁ±ado por Leopoldo de la Rosa, bajista del rÁ­tmico y ruidoso trÁ­o Leusemia, y que era conocido como Leo “Escoria”, se anunciaba un concierto con las primeras bandas subterrÁ¡neas (como Narcosis, Guerrilla Urbana y Autopsia, entre otras).  Los punks peruanos, a diferencia de los punks en otras partes de la América hispanohablante, se habÁ­an agrupado bajo el rubro “rock subterrÁ¡neo”, a lo que siguiÁ³ la creaciÁ³n de una identidad subcultural conocida como “subte”, que connota la especificidad de lo que significa ser un punk en PerÁº mejor de lo podrÁ­a hacerlo el término punk genérico o algunos de sus hijitos (como hardcore, post-punk, pop punk, etc.). El término inconscientemente llama la atenciÁ³n sobre una relaciÁ³n ambigua entre lo “subterrÁ¡neo” y lo “subversivo”, es decir, sobre la participaciÁ³n en una subcultura musical subterrÁ¡nea versus la participaciÁ³n en polÁ­ticas subversivas. La escena punk peruana, después de todo, agarrÁ³ fuerza en el contexto de la guerra civil entre el estado autoritario del PerÁº y Sendero Luminoso, un grupo militante de inspiraciÁ³n maoÁ­sta que estuvo muy cerca de derrocar al estado, pero que comenzÁ³ a desmoronarse en 1992 cuando su lÁ­der, Abimael GuzmÁ¡n, fue capturado.

Los Saicos

También podrÁ­a decirse que la escena punk peruana comenzÁ³ en 1978, aÁ±o en que por primera vez en los bares de Lima una banda llamada AnarkÁ­a comenzÁ³ a hacer covers de grupos como los Jam, los Sex Pistols, los Dead Boys y los Ramones, entre otros. AnarkÁ­a fue quizÁ¡ la primera banda peruana en autodenominarse punk mientras estuvo activa. En una corta entrevista publicada en una ediciÁ³n de 1980 de la revista mexicana de rock Conécte, AnarkÁ­a reconociÁ³ haber sido una banda pionera del punk latino. Treinta aÁ±os después, MartÁ­n Berninzon, baterista de la banda, encuentra esa declaraciÁ³n cierta pero irÁ³nica. Cierta porque AnarkÁ­a estaba al tanto de los sonidos punk en el mundo, irÁ³nica porque sus compaÁ±eros de la banda no eran mÁ¡s que unos excelentes mÁºsicos ansiosos por tocar rock progresivo.

PodrÁ­a decirse, incluso, que todo el género punk — sÁ­, ¡despierta gringo de mierda! — tuvo su origen a mediados de la década de los sesenta en el distrito Lince, en Lima, lugar en el que Los Saicos cantaron “DemoliciÁ³n”, un hecho que los anticiparÁ­a a las crudas composiciones y provocadoras letras que posteriormente resultarÁ­a bÁ¡sica a la sensibilidad punk. Ni entonces ni ahora Los Saicos han llamado punk a lo que hacen, aunque después de haberse reunido para realizar una gira en los Áºltimos aÁ±os, se han entusiasmado un poco con la idea. A pesar de ello, y en un irÁ³nico giro del destino, en 2008 el gobierno municipal del distrito de Lince, siguiendo la tendencia espaÁ±ola y latinoamericana de declarar a Los Saicos la primera banda punk del mundo, les impuso esa etiqueta a 40 aÁ±os de que los hechos hubieran tenido lugar. Hoy en dÁ­a, en una concurrida esquina de Lince hay una placa financiada por la municipalidad que declara audazmente en honor a Los Saicos: “En éste lugar naciÁ³ el movimiento punk rock en el mundo”. Una afirmaciÁ³n convincente como relato alternativo del punk e, implÁ­citamente, del mundo, que no resulta para nada modesta.

Por ahora tengamos en mente que las historias de los orÁ­genes siempre son mitos construidos para sustentar puntos de vista ideolÁ³gicos. Primero fue Dios, luego AdÁ¡n y luego Eva. SÁ­, claro, asÁ­ fue. Primero fue Occidente, después el resto. ¡Maldita sea! Las historias sobre el punk no son inocentes respecto a sus propios relatos de origen, pues ellas cargan con las posiciones ideolÁ³gicas de quienes las crearon. La historia del punk padece esa tendencia a estandarizarse, padece la imposiciÁ³n de una narrativa que, en efecto, ha establecido un punto de “origen” mÁ­tico. La mayorÁ­a de esas narrativas son predecibles respecto a los tiempos y a los lugares: Londres y Nueva York a mediados de la década de los setenta (entiéndase los Sex Pistols, los Ramones y esas “otras bandas”). En Áºltimas, la gente podrÁ­a retroceder hasta Michigan a finales de la década de los sesenta y, sin arriesgar demasiado, llamar a ese periodo proto-punk (por ejemplo, MC5, The Stooges etc.).

De ahÁ­ que quiera dejar clara mi posiciÁ³n ideolÁ³gica: no busco reescribir la historia de modo que la gente llegue a pensar que el punk empezÁ³ en PerÁº, pero intento dejar por escrito algunos relatos para que la gente sepa que el punk en PerÁº es de puta madre, tan de puta madre como en cualquier otro lugar. Aunque no puedo evitar hacer cierta cronologÁ­a, no estoy comprometido con una historia de orÁ­genes fijos y finales definitivos. Pienso que los momentos en que se generan esos relatos son mÁºltiples, que cada uno de ellos ha derivado de algo mÁ¡s y que, por esa misma razÁ³n, no son para nada “originales”. Y, como no me puedo quedar divagando para siempre, de repente tendré que parar de escribir. Eso, aunque marcarÁ¡ el final de éstos relatos no puede significar el fin de la movida subterrÁ¡nea peruana ni, mucho menos, del punk en general. No es necesario recordarles a los lectores de Maximum Rock-n-Roll lo que ya deberÁ­an saber: que el Punk No EstÁ¡ Muerto.

A lo que quisiera agregar: el Punk No NaciÁ³, el Punk Es. ¡Hijos de Puta!

“Canten en Castellano,  ¡carajo!”

Son muchos los aspectos que hacen la diferencia entre la banda AnarkÁ­a, de finales de la década de los setentas, y las bandas que empezaron a tocar punk a mediados de los ochenta en PerÁº. AnarkÁ­a estaba por su propia cuenta, sin mucha de la “movida”. No existen grabaciones suyas de la cuales hablar o, al menos, nadie ha ubicado la Áºnica grabaciÁ³n que, segÁºn Berninzon, hicieron tocando en vivo en un estudio de radio. AdemÁ¡s, AnarkÁ­a sÁ³lo tocaba covers de bandas estadounidenses y britÁ¡nicas, lo que significa que cantaban en inglés.

Las cinco bandas que emergieron en Lima entre 1983 y 1984 (Leusemia, Narcosis, Guerrilla Urbana, Autopsia y Zcuela Cerrada), y que hacÁ­an mÁºsica inspirada en el punk, contrastaban con AnarkÁ­a de muchas maneras: escribÁ­an sus propias letras, eran un grupo de amigos conectado con otros grupos de amigos que pronto consolidarÁ­an la movida, dejaron muchas grabaciones y, quizÁ¡ lo mÁ¡s importante, CANTABAN EN ESPAÁ‘OL, ¡CARAJO! La declaraciÁ³n la tomé de la boca de Daniel F, lÁ­der de Leusemia, quien en junio de 1984 se parÁ³ en frente de una audiencia limeÁ±a de clase media-alta y, como si se tratara de una orden, dijo: “Canten en castellano, ¡carajo!”, escandalizando asÁ­ a un pÁºblico que esperaba a que las “verdaderas” bandas peruanas subieran al escenario a tocar covers de canciones en inglés. Su punto estaba claro. El idioma en el que cantas, asÁ­ como el idioma en el que hablas, es en su naturaleza geopolÁ­tico. ¡Paren de complacer a los gringos! O, lo que es aÁºn peor, paren de complacer a los gringos wannabees que viven en toda América Latina, a todos aquellos que, consciente o inconscientemente, creen que el rock como género inequÁ­vocamente se canta en inglés. El rock, como el punk, como cualquier manifestaciÁ³n cultural, puede ser cualquier cosa en cualquier lugar. Depende de uno poder hacer que hable en su lengua, sobre su contexto, sobre su sociedad: ¡Hazlo-tÁº-mismo-huevÁ³n!

Pero lo importante no fue la provocaciÁ³n (¡carajo!), pues otra gente ya habÁ­a invitado a que el rock se cantara en espaÁ±ol, aunque no necesariamente en el tono punk que Daniel F. parecÁ­a sugerir. Lo realmente importante fue la emergencia de una movida promovida con conciertos, grabaciones y por un estrecho cÁ­rculo de amigos concha-sus-madresque eran los seguidores de las bandas. Muchos conciertos importantes tuvieron lugar entre 1984 y 1986. Los del “Rock subterrÁ¡neo ataca a Lima” se destacaron porque le dieron al movimiento su identidad distintiva, aunque las mÁºltiples presentaciones organizadas por el colectivo de artistas “Las Bestias” también fueron fundamentales. Pero “Las Bestias”, asÁ­ como otros artistas independientes tales como Jaime Higa y Herbert RodrÁ­guez, no sÁ³lo organizaron presentaciones. Ellos jugaron un papel crucial al hacer mÁ¡s punk los escenarios con provocadoras apuestas visuales y con diseÁ±os artÁ­sticos para los afiches y para las portadas de los discos de algunas de las primeras grabaciones punk.

Grabaciones memorables del punk peruano comenzaron a aparecer en este mismo periodo. A finales de 1984 la banda Narcosis grabÁ³ un casete DIY — es decir, lo-hicieron-ellos-mismos en un puto garaje con una grabadora Sony y un par de micrÁ³fonos — al que llamaron “Primera Dosis”. Esto fue: la guitarra cruda y distorsionada de Fernando “Cachorro” Vial, la percusiÁ³n de Jorge “Pelo Parado” MadueÁ±o y la quejumbrosa pero convincente voz de Wicho GarcÁ­a. Poco tiempo después de que esas cuatro bandas tocaran juntas grabaron “Volumen I”, una compilaciÁ³n hecha originalmente para casete que ahora estÁ¡ disponible en vinilo (gracias al sello Lengua Armada), y que incluye canciones clÁ¡sicas de Leusemia, Zcuela Cerrada, Autopsia y Guerrilla Urbana. En ese aÁ±o Leusemia grabÁ³ un Á¡lbum que llevÁ³ su mismo nombre, y que es el primero de tan solo dos grabaciones del punk peruano hechas en vinilo por un sello doméstico (el otro es “RÁ³mpele la Pechuga” por Eructo Maldonado en 1989).  Lleno de pegajosos riffs de guitarras y de canciones con provocadores tÁ­tulos, ése Á¡lbum comunicaba un sentido distintivo del punk peruano, que al fin habÁ­a encontrado su lugar, de hecho su lugar subterrÁ¡neo, en el mundo. De ahÁ­ su famosa canciÁ³n “Un lugar”:

No serÁ¡ esto un Mont d’Marsan.  Whoa, whoa.
No serÁ¡ un CBGB bar. Whoa, whoa.
No serÁ¡ un piano bar. Whoa, whoa.
Solo sé que es un buen lugar. Whoa, whoa.

“No habrÁ¡ paz”

“No habrÁ¡ paz” fue el tÁ­tulo de una de las canciones del EP de 1987 de Ataque Frontal (en algÁºn momento en 1986 Guerrilla Urbana cambiÁ³ de cantante y de nombre). Éste EP representa una de las Áºnicas grabaciones peruanas lanzadas con un sello extranjero en la década de los ochentas (el sello francés New Wave). La canciÁ³n, junto con la portada del EP — una famosa imagen de unos periodistas asesinados en la remota aldea andina de Uchurracay a quienes los lugareÁ±os habÁ­an confundido con militantes de Sendero Luminoso — dice todo sobre el contexto polÁ­tico en el cual emergiÁ³ el punk peruano. De hecho, es difÁ­cil encontrarse con una sola banda en toda la escena subterrÁ¡nea que no tuviera una o varias canciones que directa o indirectamente aludieran a la guerra: “Hacia las cÁ¡rceles” (Voz Propia); “Ayacucho: Centro de OpresiÁ³n” (Kaos), “Violencia que asesina” (Kaos General), “¡Vengan a vivir en Ayacucho!” (Eructo Maldonado), “Toque de queda” (Descontrol).  Ésta simple muestra sirve para que se entienda el alcance de la guerra y cÁ³mo los punks peruanos se sentÁ­an obligados a comentar lo que significaba vivir en un paÁ­s plagado de violencia polÁ­tica. La guerra habÁ­a comenzado en 1980 en la provincia andina de Ayacucho, pero pronto se expandiÁ³ a casi todo el paÁ­s. Su llegada a Lima a finales de la década del ochenta estuvo caracterizada por toques de queda en las noches, apagones, coches-bomba, asesinatos selectivos y por la radicalizaciÁ³n de ciertos sectores de la poblaciÁ³n urbana mÁ¡s pobre y de todos esos jÁ³venes idealistas que tenÁ­an la esperanza de derrocar un sistema de estado capitalista y corrupto.

El punk peruano surgiÁ³ durante lo que, en efecto, fue una guerra civil entre el estado y los militantes armados, y en donde una mayorÁ­a de la poblaciÁ³n quedÁ³ atrapada en el medio. Nunca hubo una simple superposiciÁ³n entre la escena musical subterrÁ¡nea y las organizaciones revolucionarias. Algunos punks, inevitablemente, se vieron involucrados en la militancia polÁ­ticaOtros, fieles a su orientaciÁ³n anarquista, rechazaron la estructura increÁ­blemente jerÁ¡rquica y modelo militar que Sendero Luminoso y el MRTA (un grupo guerrillero mucho mÁ¡s pequeÁ±o) proponÁ­an como alternativa polÁ­tica. Los dos grupos armados, desde luego, vieron la movida punk como un espacio para reclutar militantes. En un viejo video de un concierto en 1989, se ven simpatizantes de Sendero Luminoso publicando un comunicado en un lugar en el que se presentaban las bandas subterrÁ¡neas, comunicado que invitaba a que se unieran a las fuerzas revolucionarios. El mensaje era, esencialmente, un llamado a dejar las guitarras y a coger las armas. En otros momentos, los militantes vieron el punk, y al rock-and-roll en general, como una forma cultural alienante de la rebeldÁ­a juvenil importada del norte, es decir, como un producto mÁ¡s del imperialismo yanqui. En 1985 el colectivo de artistas “Las Bestias” y las principales bandas de la movida trataron de organizar un concierto de rock subterrÁ¡neo en la Universidad de San Marcos, hervidero de activismo polÁ­tico y de las ideas subversivas. Sin embargo, los simpatizantes de Sendero Luminoso lo clausuraron antes de que empezara si quiera, rechazando al rock-n-roll como una forma legÁ­tima de protesta en PerÁº.

El punto aquÁ­ es: el punk en todas partes funge como un espacio para la rebeldÁ­a juvenil, pero raramente lo ha hecho en un contexto con tal polarizaciÁ³n militante revolucionaria. Por tanto, en PerÁº  hay una relaciÁ³n inevitable, pero no palmo a palmo, entre el “rock subterrÁ¡neo” y la “polÁ­tica subversiva”, que se ofreciÁ³ como una alternativa al status quo capitalista que el estado buscaba proteger. La relaciÁ³n se volviÁ³ mÁ¡s compleja aÁºn gracias a que si bien el punk, como el rock, ha sido siempre un fenÁ³meno global, todas las historias oficiales de su “origen” miran inevitablemente hacia Estados Unidos y el Reino Unido. De ahÁ­ la importancia de contar otros relatos sobre las muchas vidas del punk en otros lugares del mundo.

Una vez fuimos cinco, hoy somos docenas

Si la escena subterrÁ¡nea en Lima en verdad comenzÁ³ a desarrollarse en 1984 con las cuatro bandas de Volumen I y con Narcosis, fue sÁ³lo a finales de esa misma década que la movida creciÁ³, pero no lo hizo sÁ³lo en términos del nÁºmero de bandas sino en diversidad de géneros. Esa expansiÁ³n puede ser representada en cifras, por ejemplo, la compilaciÁ³n Volumen II que fue grabada en 1986 y que incluye a 13 bandas diferentes. De hecho, Narcosis, Leusemia y Autopsia para 1986 ya se habÁ­an desintegrado, y algunos de los ex-integrantes habÁ­an comenzado nuevos proyectos como Kaos, Feudales, Gx3 y Eructo Maldonado. Una serie completa de nuevas bandas se estaba formando: Yndeseables, Voz Propia, Excomulgados, Eutanasia, Sociedad de Mierda (o SdeM, en su abreviaciÁ³n), Lujuria, Flema, QEPD CarreÁ±o, PÁ¡nico, Descontrol, Kaos General, Curriculum Mortis, entre otras. Aunque muchas de las bandas emergentes nunca dejaron grabaciones memorables, otras sÁ­ lo hicieron, pero es extremadamente difÁ­cil encontrarlas, a menos de que sepas con exactitud en dÁ³nde irlas a buscar: a los Áºnicos mercados de mÁºsica pirata de Lima que estÁ¡n especializados en géneros de rock (El Boulevard en la calle Quilca, en el centro de Lima, o en GalerÁ­as Brasil, distrito de JesÁºs MarÁ­a).

Como es de esperarse, hombres jÁ³venes dominaron abrumadoramente la movida punk (un problema comÁºn en todas partes, al menos hasta que las Riot Grrrls explotaron en la escena en los Estados Unidos). Sin embargo, valientes figuras femeninas emergieron a mitad de la década de las ochentas abriendo un espacio para diferentes tipos de polÁ­ticas sexuales y de género. La mÁ¡s notable fue, sin lugar a dudas, la de MarÁ­a T-Ta, cantante de la banda EmpujÁ³n Brutal. Sus letras, increÁ­blemente ingeniosas, fueron una mordaz crÁ­tica a la familia patriarcal conservadora y a las normas sexuales que impregnaban a la sociedad peruana. El final de su historia es un misterio, pues en 1988 abandonÁ³ PerÁº yéndose a Europa y rompiendo asÁ­ todos los vÁ­nculos de amistad (a la fecha ninguno de sus amigos punks mÁ¡s cercanos tiene informaciÁ³n exacta sobre lo qué pudo haber sido de su vida desde que se marchÁ³). Sin embargo, su leyenda vive en un vinilo 7″ reciente (del 2011), gracias a los esfuerzos y a la colaboraciÁ³n de los sellos subterrÁ¡neos Sin Temores, Discos Huayno Amargo, Rock SVB, pues es la Áºnica grabaciÁ³n conocida de la banda.

AsÁ­  como en todas partes el punk suele significar mÁºsica tan diversa como la de Violent Femmes, los Dead Kennedys, los Pogues o Patti Smith — bueno, esto antes de que la emergencia del punk hardcore, a comienzos de la década de los ochentas, tuviera el efecto desafortunado de estandarizar lo que la gente esperaba del sonido punk — la idea del “rock subterrÁ¡neo” en PerÁº siempre contemplÁ³ una variedad de estilos musicales. Bandas como Del Pueblo (una agrupaciÁ³n que hacÁ­a fusiÁ³n folk-rock) o Combustible (que usaba el estilo rockabilly de César N), fueron los primeros socios en la escena musical subterrÁ¡nea. Pero esa expansiÁ³n también significÁ³ explosiÁ³n y mezcla de géneros. Para finales de la década de los ochentas uno se podÁ­a encontrar con los sonidos “clÁ¡sicos” punk de Eutanasia junto con el ska-punk de Psicosis y el hardcore de Gx3 y el trash metal de Curriculum Mortis y el metal-punk de Anti.

Bueno, quizÁ¡ la palabra “junto” es un poco exagerada, pues esa expansiÁ³n tuvo sus costos. Los punks limeÁ±os pasaron de ser un pequeÁ±o grupo de amigos a un grupo de actores de diferentes sectores de Lima. A decir verdad, el en PerÁº rock como género habÁ­a sido un fenÁ³meno de la clase media-alta, pero con la expansiÁ³n de la movida rock subterrÁ¡nea en la década de los ochenta se involucrÁ³ mÁ¡s y mÁ¡s gente de los sectores bajos de la clase media, gente mestiza y migrantes provenientes de los Andes. Emergieron, entonces, tensiones que simultÁ¡neamente fueron raciales y de clase. Muchos afirman que la “guerra interna” entre los subte empezÁ³ con la canciÁ³n “PÁºdrete pituco” de la banda Sociedad de Mierda. La canciÁ³n no estaba dirigida a los “pitucos” en general, sino a aquellos punks que, en esa compleja jerarquizaciÁ³n de la sociedad peruana que colapsa raza y clase, eran pensados como mÁ¡s blancos y mÁ¡s ricos. Un buen nÁºmero de los primeros punks provenÁ­an de sectores relativamente privilegiados de la sociedad peruana, y los que se sintieron aludidos por esa proveniencia privilegiada no tardaron en responder acusando a sus acusadores de romper la solidaridad de la movida. En seguida, esa tensiÁ³n empezÁ³ a manifestarse en conflictos en los conciertos (los “pogos” se volvieron batallas reales) y mordaces acusaciones a través de canciones y fanzines sobre quién era un pitu-punk (un punk blanco y rico) o quién era un misio-punk o un cholopunk (un punk pobre, mestizo o migrante andino).

El problema se resolviÁ³ con una divisiÁ³n fÁ­sica y palpable de la escena. Entre 1988 y 1989 los dos principales lugares usados para los conciertos no volvieron a ser pÁºblicos sino que se convirtieron en espacios privados asociados a las diferentes facciones. Los jarkor, asociados a bandas como Gx3, Sentido ComÁºn, Kaos General, entre otros, tocaron, sobre todo, en un lugar llamado “La Jato Hardcore”, una casa familiar propiedad de un niÁ±o de 12 aÁ±os vinculado a la escena (quien posteriormente serÁ­a integrante de la banda Fuerza Positiva). En efecto, éste se considerÁ³ el lugar que se tomaron los pitu-punks como refugio desde que fueron acusados por su estatus social privilegiado. En otra parte de la ciudad, y no propiamente en una de las mÁ¡s difÁ­ciles o duras de Lima, pero mucho menos “bonita” que el distrito donde se encontraba “La Jato Hardcore”, los llamados misio-punks o cholo-punks establecieron su lugar y lo llamaron “El Hueco”. La banda Eutanasia estuvo en el centro de la organizaciÁ³n de los conciertos, ya que la casa era propiedad privada perteneciente a la familia del segundo bajista de Eutanasia.

La verdad sea dicha: muchas de las bandas nunca encajaron perfectamente en uno u otro lado de las facciones de la movida, y muchos de los punks iban y venÁ­an con relativa facilidad entre uno y otro lugar de encuentro. Hay un riesgo al exagerar el conflicto, pero serÁ­a estÁºpido fingir que esa batalla nunca tuvo lugar, asÁ­ como serÁ­a estÁºpido pasar por alto las maneras en las que esa tajante divisiÁ³n en la movida subterrÁ¡nea, al dividir ideolÁ³gicamente a la gente bajo lineamientos raciales y de clase, refleja las contradicciones de la sociedad peruana en general. Esas contradicciones, de hecho, eran las mismas que se estaban disputando violentamente en la guerra entre los militantes armados que decÁ­an hablar en nombre de la mayorÁ­a étnica y pobre del PerÁº, y el estado, que, como sabemos, siempre habla en nombre de las élites ricas y blancas. De hecho, si PerÁº es un lugar tan de puta madre desde el cual se puede repensar el “origen” de los relatos sobre el punk, también es un lugar crÁ­tico desde el cual se pueden reconocer los problemas inherentes al punk como un fenÁ³meno social. De la misma manera que representa una crÁ­tica rebelde al status quo, el punk inevitablemente estÁ¡ atado a sociedades particulares con contradicciones especÁ­ficas de las que inevitablemente emerge.


*La Perra y El DogmÁ¡tico son unos punkis y traductores de la putamadre.  Gracias!